Conceptos Marxistas-Leninistas-Stalinistas

ENSEÑANZAS DE LA REVOLUCION BOLCHEVIQUE


Escrito por Wilman, integrante del Frente 41 Cacique Upar de las FARC-EP.
Sábado, 19 de Febrero de 2011

Contrariando todos, absolutamente todos los presupuestos de la teoría marxista sobre las condiciones objetivas y sobre el escenario internacional para la revolución socialista, aparece la Gran Revolución de Octubre en Rusia y detrás de ella, -en las mismas insuficientes circunstancias objetivas-, vinieron las revoluciones China, vietnamita, cubana etc. Respecto a Rusia, tanto Marx como Engels habían descartado en forma expresa y taxativa que pudiera darse en ese país una revolución que pasase directamente al comunismo y dejaron como excepción a esta regla la ocurrencia de una sola circunstancia: que la revolución proletaria en los países industrializados la apoyaran.

Así lo dijeron el 21 de enero de 1882, en el prefacio a la edición rusa del Manifiesto del Partido Comunista: “Pero en Rusia, al lado del florecimiento febril del fraude capitalista y de la propiedad territorial burguesa en vías de formación, más de la mitad de la tierra es posesión comunal de los campesinos. Cabe, entonces, la pregunta: ¿podría la comunidad rural rusa —forma por cierto ya muy desnaturalizada de la primitiva propiedad común de la tierra— pasar directamente a la forma superior de la propiedad colectiva, a la forma comunista, o, por el contrario, deberá pasar primero por el mismo proceso de disolución que constituye el desarrollo histórico del Occidente?

La única respuesta que se puede dar hoy a esta cuestión es la siguiente: si la revolución rusa da la señal para una revolución proletaria en el Occidente, de modo que ambas se completen, la actual propiedad común de la tierra en Rusia podrá servir de punto de partida a una revolución comunista”1.

Aceptar la revolución bolchevique de Octubre como una revolución socialista es la línea predominante en gran parte de la elaboración teórica revolucionaria aún hoy después de la desaparición de la URSS.

Es decir, un gran sector de los revolucionarios tanto prácticos como intelectuales, nos matriculamos en la idea de que la revolución de Octubre fue una revolución de contenido histórico (como formación económico-social) socialista. Uno de los que no caracterizó la revolución de Octubre como socialista fue Lenin, su mayor protagonista; y también paradójicamente -y obviamente con propósitos diferentes a los de Lenin-, la misma ideología burguesa.

La idea fundamental de los intelectuales soviéticos que calificaron y que todavía califican la revolución de Octubre como una revolución socialista, y que difundieron prolíficamente en sus conocidos manuales del HISMAT y DIAMAT, para mantener su continuidad con el discurso marxista y con Lenin mismo, cubrió varios tópicos argumentativos: a) En lo objetivo, es decir, para suplir la ausencia de condiciones materiales aptas para el socialismo, se dijo que en el tiempo transcurrido entre febrero y octubre de 1917 la economía capitalista, bajo el gobierno provisional burgués, se agudizó la contradicción entre capital y el trabajo, entre la burguesía y el proletariado; b) En lo subjetivo, que las masas maduraron (se concientizaron) ideológicamente en ese mismo período y, por lo tanto, abrazaron sin reservas la consigna de la sociedad socialista; y c) En lo táctico, que Lenin reacomodó la línea del partido bolchevique, pasando de una táctica para la revolución burguesa a una táctica para la revolución socialista, tránsito que se dice, Lenin apoyó en sus famosas tesis de abril.

“Las Tesis de Abril de Lenin trazaban un plan genial de lucha del Partido para el paso de la primera a la segunda etapa de la revolución, para el paso de la revolución democrático-burguesa a la revolución socialista. Toda la historia anterior del Partido le preparaba para esta misión grandiosa. Ya en 1905, en su folleto titulado “Las dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática”, decía Lenin que, después de derrotar al zarismo, el proletariado pasaría a la realización de la revolución socialista. Lo que las Tesis contenían de nuevo era la fundamentación teórica, el plan concreto para abordar el paso a la revolución socialista.”2

¿Cómo es posible explicar, sin caer en un error para no decir en un exabrupto, en una absurda ridiculización de los procesos históricos que en ocho meses –período en el cual como dijo Lenin no hubo una transformación importante de las relaciones feudales de producción, pues se trató de un lapso de incesante ajetreo revolucionario y de inestabilidad política- se hubiese agotado el capitalismo en Rusia y que la clase obrera hubiese madurado en conciencia y organización para el socialismo mientras los países industrializados, estos sí determinados desde 1848 por la teoría marxista como próximos a una revolución proletaria (casos de Inglaterra, Francia y Alemania) no han bastado más de 160 años de ininterrumpido desarrollo económico capitalista (también exactamente el mismo tiempo invertido por los partidos comunistas de esos países en pro de culturizar a las masas trabajadoras) para esa maduración?¿ Cómo pudieron Lenin y el partido bolchevique preparar y concientizar a las masas analfabetas en tan solo ocho meses mientras que los comunistas franceses no han podido preparar y concientizar a los obreros de su país, que son mucho más educados durante siglo y medio? ¡Incomprensible! Y más incomprensible resulta aún creer que los soviéticos hubieran logrado ese grado de concientización de las masas en tan solo ocho meses y que luego no pudieron concientizarlas en 70 años para evitar el derrumbe de su nación ¡precisamente cuando ya tenían el poder en sus manos!

La respuesta a este contrasentido es que sencillamente la tesis que alegremente sostuvieron gran parte de los comunistas soviéticos después de Lenin y muchos historiógrafos revolucionarios de la época, no es más que una equivocada opinión ilimitadamente perjudicial para la lucha revolucionaria y un atentado mismo contra los postulados científicos del marxismo-leninismo.

En cuanto a las condiciones objetivas necesarias para el socialismo, ya no como inquietud –como interrogante lógico frente a tamaño absurdo- sino frente a la apabullante realidad de los hechos ¿fue cierto que desde el punto de vista objetivo; desde el punto de vista del desarrollo de las fuerzas productivas , la revolución burguesa de febrero de 1917 permitió madurar la condiciones objetivas para el socialismo, eliminó las relaciones feudales de producción y agotó económicamente el capitalismo para así poder pasar a una revolución proletaria, socialista en octubre de ese mismo año? No fue cierto.

Miremos porqué. El mismo periódico oficial de los eseristas, partido que estaba en el gobierno provisional de la burguesía con Kerenski a la cabeza y, por lo tanto, enemigo de los bolcheviques, se ve obligado a proclamar que durante el régimen burgués no se ha avanzado nada en lo económico, que no se ha hecho casi nada por eliminar las causas objetivas de la revolución de febrero: las trabas feudales de la economía capitalista naciente: “Hasta ese momento no se ha hecho casi nada para acabar las relaciones de avasallamiento que siguen dominando aún en el campo, precisamente en el centro de Rusia (…) la ley de ordenación de las relaciones agrarias en el campo, presentadas hace mucho por el gobierno provisional ya aprobada incluso por un purgatorio como la conferencia jurídica, se ha atascado irremisiblemente en ciertas oficinas (…) ¿Acaso no tenemos razón en decir que estamos muy lejos de haberse desembarazado de los viejos hábitos de administración zarista?”3

Y Lenin, contestando lo poco que ha hecho la burguesía en beneficio de su propia revolución, en su deber de avanzar económicamente las relaciones capitalistas de producción, acota a renglón seguido: “Así escriben los eseristas oficiales. Imaginaos: Los partidarios de la coaccion se ven obligados a reconocer que, después de siete meses de revolución en un país campesino, no se ha hecho casi nada para acabar con el “avasallamiento” de los campesinos, con su sojuzgamiento por los terratenientes”4

Trostki es más expresivo y sostiene que la toma del poder en octubre no fue por agotamiento económico de la revolución burguesa de febrero sino precisamente por lo contrario, porque la burguesía no resolvió el problema económico fundamental de la revolución burguesa: el problema agrario: “Si la cuestión agraria, herencia de la barbarie de la antigua historia rusa, hubiera sido resuelta por la burguesía, si realmente hubiera podido ser resuelta, el proletariado ruso nunca hubiera conseguido la toma del poder en 1917”5.

En cuanto a las condiciones subjetivas, Lenin en vez de hablar de la madurez de las masas proletarias rusas para la revolución socialista dijo: “le debilidad numérica del proletariado en Rusia, su insuficiencia de clase y su deficiente organización. He ahí el reverso de la medalla”6.

Y en cuanto a la aseveración de que las masas lucharon bajo la bandera leninista de la revolución socialista, Lenin desmiente ese embuste diciendo que el partido bolchevique había vencido porque adoptó el programa de los eseristas que, como se sabe era el partido de los socialistas revolucionarios pequeñoburgueses, cuyo programa era de índole agrario, campesino y, por lo tanto, de gran influencia entre los trabajadores agrícolas; que después de la revolución de febrero formaba parte del gobierno provisional burgués, con Kerenski a la cabeza, un redoblado enemigo de los bolcheviques.

Además, si las masas rusas maduraron subjetivamente para el socialismo entre febrero y octubre de 1917, ¿Cómo explicar entonces, la sublevación de los obreros y campesinos contra el poder soviético, precisamente cuando éste avanzaba en la “ofensiva económica” contra el viejo régimen económico? ¿Y cómo explicar, también que Lenin reconociera años después de la toma del poder que esas mismas masas obreras no estaban preparadas para el socialismo por la falta de desarrollo económico, de una gran industria?: “No nos apoyamos en el punto de vista utópico de que las masas están preparadas para la sociedad socialista. Sabemos a basa de los datos exactos de la historia del socialismo obrero que no es así, que la preparación para el socialismo la da únicamente la gran industria, la lucha huelguística y la organización política”7.

Una de las fuerzas decisivas de la revolución de octubre fue la mayoría campesina de la población rusa, lo que, también, en cuanto agente histórico de la revolución, desvirtúa su carácter socialista, pues la masa campesina, tanto teórica como prácticamente, es inaccesible al socialismo cuando se trata de transformar la sociedad en ese sentido y no obstante que puede constituir una base indispensable para la lucha contra el poder político de la burguesía. En realidad, la revolución bolchevique fue determinada más por esas masas campesinas que por el proletariado, al contrario de las revoluciones de 1905 y de febrero de 1917, e independientemente de que todas estas revoluciones estuvieran vanguardizadas por la clase obrera. Lenin, unas cuantas semanas antes de la revolución de octubre advierte sobre este hecho “Es indudable que la revolución se halla en Rusia en un momento de viraje. En un país campesino, con un gobierno revolucionario republicano, apoyado por los partidos de los eseristas y mencheviques –que predominan todavía ayer entre la democracia pequeñoburguesa- crece la insurrección campesina. Es increíble pero es un hecho”8. “(…) Han llevado (los gobernantes burgueses y pequeñoburgueses) las cosas a tal extremo, que en un país campesino se levanta una oleada de sublevaciones campesinas que lo inunda todo. Imagínense lo que significa provocar una insurrección de campesinos en una república democrática con 80% de población campesina”9.

Durante todo el periodo revolucionario ruso, desde antes de 1905 hasta la revolución de octubre, como ocurrió y ocurre en todos los países capitalistas desde mucho antes que se sucedieran en ellos las revoluciones democrático-burguesas, la clase obrera venía librando la lucha de clases, como clase consecuentemente revolucionaria, puesto que las conquistas revolucionarias en el capitalismo han sido posibles, y solo serán posibles teniendo a la clase obrera como vanguardia. Pero de esta verdad teórica y práctica no podemos deducir alterando perjudicialmente los hechos que la revolución de octubre haya sido proletaria, es decir, socialista, la revolución de octubre estuvo dirigida y orientada por el proletariado; sin esa condición no podía haber triunfado en la forma como triunfó.

Desde septiembre, un mes antes de la toma del poder por los bolcheviques, Lenin presiona al comité central de su partido para que se decida a considerar sin más dilaciones la tarea del levantamiento armado como respaldo a la insurrección campesina que se agitaba en toda Rusia. Basta citar algunos párrafos de su artículo “la crisis ha madurado” para demostrarlo y comprenderlo así: “Existe una corriente u opinión favorable a esperar el congreso de los soviets, opuesta a la toma inmediata a la toma del poder, opuesta a la insurrección inmediata. Hay que vencer esta corriente de opinión. De lo contrario, los bolcheviques se cubrirían de oprobio para siempre y quedarían reducidos a la nada como partido (…) los bolcheviques serían traidores al campesinado, pues tolerar el aplastamiento de la insurrección campesina (…) significaría hundir la revolución. Hundirla para siempre e irrevocablemente. Se habla a gritos de anarquía y de que crece la indiferencia de las masas: y como no van a ser indiferente las masas ante las elecciones si el campesinado se ha visto obligado a recurrir a la insurrección, y la llamada “democracia revolucionaria” tolera pacientemente que sean aplastados por la fuerza de las armas (…) teniendo los soviets de las dos capitales, permitir el aplastamiento de la insurrección campesina significaría perder merecidamente toda la confianza de los campesinos, sería una traición completa al campesino”.

La mayoría de la masa campesina y obrera siguieron las orientaciones leninistas, no porque maduraran para el socialismo, sino porque Lenin y los bolcheviques adelantaron un adecuado proceso de vanguardización, dentro del cual el programa socialista se rebajó a la mentalidad pequeñoburguesa de las masas, agitando acertadas y eficaces consignas de “Paz Pan y Libertad” en un proceso que generó una serie de condiciones subjetivas sin que las masas alcanzaran a comprender en absoluto nada sobre socialismo y sobre lo que representaba realmente el partido bolchevique.

En lo tocante a la masa campesina, mayoritaria en esa época, la medida adoptada por Lenin poco después de la toma del poder notifica la autoridad de la tesis aquí comentada. En primer lugar, una medida de esa naturaleza enseña que no existían condiciones materiales para el socialismo, toda vez que la repartición de las tierras entre los campesinos pobres nada tiene que ver con la sociedad socialista, es una medida característica del desarrollo capitalista burgués y, en segundo lugar, el hecho de que a consecuencia de ese reparto los campesinos se hayan convertido al bolchevismo demuestra que su apoyo a la revolución fue más un rechazo al gobierno provisional que los masacraba que a la comprensión y aceptación del socialismo.

Por el contrario, estos hechos prueban que fueron precisamente los bolcheviques quienes maduraron y los que comprendieron a tiempo – aunque con mucho esfuerzo debido a la lentitud organizativa y a la falta de identidad en la línea política del partido- cuál era el carácter de la revolución de los campesinos mismos y a partir de aquí lograron colocarse a la cabeza de las masas insurrectas. Este afortunado viraje programático les permitió comandarlas. Y esta verdad se fortalece cuando encontramos que los campesinos en incluso los obreros, se rebelaron contra los bolcheviques en el momento en que éstos empezaran a implementar medidas económicas de tinte socialista. De ahí la necesidad que tuvo Lenin de disminuir el ritmo de las transformaciones económicas, de recurrir a los métodos “reformistas” con la implementación de la NEP.

La revolución de octubre estuvo, evidentemente vanguardizada por la clase obrera. Pero la circunstancia de que el proletariado sea la vanguardia de una revolución no da por sobre entendido que ella sea socialista. Discurrir así significaría que todas las revoluciones ocurridas en el afianzamiento universal del capitalismo como modo de producción, especialmente las que se llevaron a cabo en Francia entre 1848 y 1871, en el que la participación del proletariado fue determinante, fueron socialistas. No puede reputarse tal cosa de la Comuna de París a pesar de sus pretensiones abiertamente proletarias, independientemente de la maduración desde el punto de vista objetivo.

El verdadero carácter (contenido) de una revolución no está determinado por la vanguardia, ni por el partido, ni siquiera por una clase dada, sino por el contenido histórico que ella representa, por la fase de desarrollo histórico en la que se encuentran las fuerzas productivas y el grado de contradicción en que estas fuerzas se hallen frente a las relaciones de producción, circunstancias objetivas que son lo que determinan, a la vez, cuál es el agente histórico del cambio revolucionario, porque como decía Marx, la apropiación que se realice en la revolución no está condicionada tanto por el propósito que se tracen sus protagonistas sino, primera y fundamentalmente, por la naturaleza del objeto que se trata de apropiar, por el grado de desarrollo de las fuerzas productivas.

Escribió Marx: “Las cosas, por tanto, han ido tan lejos, que los individuos necesitan apropiarse la totalidad de las fuerzas productivas existentes, no sólo para poder ejercer su propia actividad, sino, en general, para asegurar su propia existencia. […] Esta apropiación se halla condicionada, ante todo, por el objeto que se trata de apropiar, es decir, por las fuerzas productivas, desarrolladas ahora hasta convertirse en una totalidad y que sólo existen dentro de una relación universal. Por tanto, esta apropiación deberá necesariamente tener, ya desde este punto de vista, un carácter universal en consonancia con las fuerzas productivas y la relación.

La apropiación se halla, además, condicionada por el modo de llevarse a cabo. En efecto, sólo puede llevarse a cabo mediante una asociación que, dado el carácter del proletariado mismo, no puede ser tampoco más que una asociación universal, y por obra de una revolución en la que, de una parte, se derroque el poder del modo de producción y de relación anterior y la organización social correspondiente y en la que, de otra parte, se desarrollan el carácter universal y la energía de que el proletariado necesita para llevar a cabo la apropiación, a la par que el mismo proletariado, por su parte, se despoja de cuanto pueda quedar en él de la posición que ocupaba en la anterior sociedad.”10

La especificad de la revolución de octubre, a partir de la cual surge no solo una diferenciación con respecto a las revoluciones del pasado, sino una clara directriz con respecto a las revoluciones del futuro –por lo menos en lo que corresponde a las revoluciones proyectadas para los países subdesarrollados-, consiste en que fue una revolución que tuvo un carácter (contenido) burgués pero al mismo tiempo tuvo una forma socialista; una revolución cuya realización le competía históricamente al campesinado bajo el mando de la burguesía y la llevó a cabo el campesinado pero bajo la dirección de la clase obrera y de una organización revolucionaria, el partido bolchevique. Lenin ya había adelantado este juicio refiriéndose a la fracasada revolución de 1905, pero el juicio bien vale para catalogar la revolución de febrero y octubre de 1917, dado que estas dos revoluciones se llevaron a cabo dentro de un mismo contenido histórico (con el mismo desarrollo de las fuerzas productivas en lo fundamental) y en la misma forma que aquella. Escribió Lenin: “la peculiaridad de la revolución rusa estriba precisamente en que, por su contenido social, fue una revolución democrático-burguesa, mientras que por sus medios de lucha fue una revolución proletaria. Fue democrático burguesa, puesto que el objetivo inmediato que se proponía y podía alcanzar directamente con sus propias fuerzas, era la república democrática, la jornada de 8 horas y la confiscación de los latifundios de la nobleza: medidas todas ellas que la revolución burguesa de Francia llevó casi plenamente a cabo en 1792 y 1793. La revolución rusa fue a la vez una revolución proletaria no solo por ser el proletariado su fuerza dirigente, la vanguardia del movimiento, sino también porque el medio específicamente proletario de lucha, la huelga, fue el medio principal para poner en movimiento a las masas y el fenómeno más característico del desarrollo, en oleadas sucesivas de los acontecimientos sucesivos”10.

Es decir, Lenin tenía ante sí una revolución de contenido histórico burgués, objetivamente condicionada al desarrollo de las fuerzas productivas en sentido capitalista, pero al mismo tiempo una revolución con forma de poder no burguesa, con una forma del poder del pueblo, proletaria; y, ante esta contradicción, para inclinar la balanza en contra del dominio de una vacilante clase burguesa ¿Qué hacer? Lo que indicaba la lógica de una consciencia auténticamente revolucionaria: tomar el poder para el pueblo y adelantar los pasos necesarios para llevar adelante, consecuentemente la transformación económica y política de la retrasada Rusia.

Escribió Lenin, “El defecto principal y el error principal de todos los razonamientos de los socialistas consiste en que el problema se plantea en términos demasiado generales – transición al socialismo- cuando lo que corresponde es hablar de los pasos y medidas concretos. Unos han madurado y otros no. vivimos un momento de transición. Es evidente que hemos promovido formas que no se parecen a la de los Estados burgueses: los soviets de obreros y soldados son una forma de Estado que no existe ni ha existido nunca en ningún país. Son una forma que representa los primeros pasos hacia el socialismo. Y que es inevitable el comienzo de la sociedad socialista. Este es un hecho decisivo. La revolución Rusa ha creado los soviets, en ningún país burgués existen ni pueden existir instituciones estatales semejantes, y ninguna revolución socialista puede operar con otro poder que no sea este. Los soviets de obreros y soldados deben tomarse el poder pero no para implantar una república burguesa corriente ni para pasar directamente al socialismo. Eso es imposible. ¿Para qué entonces? Deben tomar el poder para dar los primeros pasos concretos, que pueden y deben darse, hacia esa transición. (…) El proletariado de Rusia, que actúa en uno de los países más atrasados de Europa, con una inmensa población de pequeños campesinos no puede proponerse como meta inmediata la realización de transformaciones socialistas pero sería el más funesto de los errores, que en la práctica equivaldría a pasarse al lado de la burguesía, deducir de ello la necesidad de que la clase obrera apoye a la burguesía, de que limite su táctica al marco de lo que la pequeña burguesía estime aceptable, o de que el proletariado renuncie a su papel dirigente en la tarea de explicar al pueblo la urgencia inaplazable de una serie de pasos prácticamente maduros hacia el socialismo”11.

La revolución de octubre fue, evidentemente, burguesa en su contenido tan burguesa era en su contenido histórico que cuatro años después de la toma del poder, en noviembre de 1921, Lenin dice que apenas se ha terminado la transformación democrático burguesa en Rusia: “Lo único que hemos acabado por completo es la labor democrático-burguesa de nuestra revolución y tenemos el más legítimo derecho a enorgullecernos de ello”,12 pero se convirtió en socialista después de agotar la transformación burguesa, por lo que se propuso llevar a cabo. El carácter socialista de la revolución rusa no se da en octubre sino después de la toma del poder por los bolcheviques. Por lo tanto calificar de socialista la revolución en el momento que se produjo la toma del poder, por lo que mucho después realizó y se propuso realizar, es tan absurdo como calificarla simplemente de burguesa por la situación objetiva en que se produjo desconociendo el carácter socialista que adquirió posteriormente. Escribió Lenin: “la palabra socialización no expresa más que una tendencia, un deseo, una preparación para el tránsito al socialismo”13.

El error o la insensatez ideológica por parte de los teóricos del socialismo soviético, de catalogar la revolución de octubre como una revolución socialista por lo que realizó y se propuso realizar posteriormente (por la forma, por la conducción subjetiva), y no por el grado de desarrollo de las fuerzas productivas (por el contenido, por las condiciones objetivas), no tiene si no un deplorable mérito: crear el desconcierto en la teoría y en la práctica revolucionaria.

En la teoría porque asegurar que la revolución fue socialista es tanto como confesar que la teoría marxista (que presupone de modo inexorable para el socialismo una gran industria y un espacio internacional) es un cero a la izquierda. ¿Es posible, entonces –se preguntan algunos, cuando no es ya que han contestado afirmativamente el interrogante-, que nazca el socialismo sin las condiciones materiales a los que Marx y Engels dieron tanta importancia? Para superar la brecha en la teoría y la práctica, los soviéticos tendieron un puente conceptual que es en realidad un mayor desatino: es que, responden los “sabios”, muchas de las tesis marxistas han sido históricamente revaluadas, contestando un absurdo con otro absurdo mayor.

En la práctica, el trastorno es del mismo quilate o superior. ¿Por qué? Porque se incurre en una abultada y dislocada contradicción: por un lado, la orientación de la lucha de clases en el nivel internacional, que hacían los soviéticos y que era impulsada y difundida por muchos Partidos Comunistas pro soviéticos en el mundo en mayor o menor medida, sentencia que la revolución, que la captura del poder por las fuerzas revolucionarias conscientes de la sociedad, no es aconsejable ni probable, si no cuando la clase proletaria esté “madura” para el socialismo; así, el descenso de la lucha de masas se explica por la ausencia de condiciones materiales para el socialismo. Para explicar la parálisis revolucionaria en los países capitalistas, para justificar la ineficacia de la estrategia y la táctica de los partidos comunistas y de muchas organizaciones revolucionarias afines, se albergó la idea de que las condiciones todavía no estaban maduras y de que todo intento por tomar el poder, sin esas condiciones previstas en la teoría marxista, es un simple “aventurerismo”, una enfermedad “ultraizquierdista”. Pero también así, de hecho, se niega en una parte lo que se afirma en otra, pues para acomodar la revolución de octubre como socialista los mismos personajes protegen la tesis de que la obsolescencia de algunas categorías marxistas facilitaron y posibilitaron la revolución bolchevique sin la concurrencia de condiciones adecuadas al socialismo.

En resumidas cuentas, si la des actualización del marxismo permitió el advenimiento de la revolución de octubre, ¿Por qué esa misma des actualización no ha permitido la revolución en los países capitalistas? Cabe también otra pregunta si la vigencia del marxismo es lo que explica la no revolución en los países capitalistas debido a que no han madurado completamente las condiciones para el socialismo, entonces ¿por qué esa misma vigencia posibilitó la revolución de octubre sin esa maduración? Pregunta obviamente sin respuesta para los teóricos del socialismo soviético.

LA ENSEÑANZA FUNDAMENTAL DE LA REVOLUCION DE OCTUBRE.

La incomprensión teórico-práctica del fenómeno bolchevique ha traído consecuencias desastrosas para el accionar de gran parte del movimiento revolucionario de los países que conformamos el mundo subdesarrollado, especialmente los países agrícolas, pues considerar como inmediata la instauración del socialismo, la realización de una vez del “programa máximo”, sin las condiciones materiales para acceder a él, alejan cualquier posibilidad de resolver en lo inmediato las grandes necesidades de las masas campesinas que constituyen, en lo fundamental, la composición de nuestras economías que son esencialmente agrícolas. Escribió Lenin, refutando a quienes propugnaban porque se implantara de una vez en el programa socialdemócrata, el objetivo de una revolución socialista en Rusia “Anotemos, en fin, que, al fijar como tarea del gobierno provisional revolucionario la aplicación del programa mínimo, la resolución elimina con ello las absurdas ideas semianarquistas sobre la realización inmediata del programa máximo, sobre la conquista del Poder para llevar a cabo la revolución socialista. El grado de desarrollo económico de Rusia (condición objetiva) y el grado de conciencia y de organización de las grandes masas del proletariado (condición subjetiva, indisolublemente ligada a la objetiva) hacen imposible la liberación completa inmediata de la clase obrera. Sólo la gente más ignorante puede desconocer el carácter burgués de la revolución democrática que se está desarrollando; sólo los optimistas más cándidos pueden olvidar cuán poco conoce aún la masa de los obreros los fines del socialismo y los procedimientos para realizarlo”14

Ni por un solo instante pensaron los teóricos soviéticos la serie de confusiones que la indefinición, que la incertidumbre de su posición creó en todas partes. Al final se ocultó la más grande, maravillosa, la más inigualable y trascendental enseñanza de la revolución bolchevique a saber: la de que una organización revolucionaria no necesita esperar que se den todas las condiciones objetivas y subjetivas para el socialismo, para la toma del poder, sino que se pueden aprovechar ya y desde ahora las propias contradicciones inter burguesas para ello, la de que la burguesía ya no es necesaria ni siquiera para presidir su propia revolución capitalista; la de que se puede utilizar cualquier coyuntura (cualquier agresión desmedida e injustificada contra las masas, por parte de la clase gobernante que tenga la virtud de ponerlas en pie de lucha) para capturar el poder y desde allí crear, prácticamente y de un modo más rápido, las premisas materiales necesarias para la transformación socialista de la sociedad, acelerando con ello el advenimiento del verdadero socialismo y del comunismo.

ALGUNAS MEDIDAS ECONOMICAS PARA EL PODER REVOLUCIONARIO EN LOS PAISES SUBDESARROLLADOS Y AGRICOLAS DE ACUERDO A LOS CLASICOS DEL MARXISMO

Marx esbozaba algunas ideas sobre la dinámica de las transformaciones económicas en los países campesinos en lo que tenía que ver con la revolución socialista: “Allí donde el campesino existe todavía en masa como propietario privado, donde incluso forma una mayoría más o menos considerable, como en todos los países occidentales del continente europeo, donde este campesino no ha desaparecido, reemplazado por jornaleros agrícolas, como en Inglaterra, ocurrirá lo siguiente: o se dedica a obstaculizar toda revolución obrera hasta hacerla fracasar, como ha ocurrido hasta ahora en Francia, o el proletariado (pues el campesino propietario de su tierra no pertenece al proletariado, y, si por su situación pertenece no cree formar parte de él) tiene que adoptar como gobierno medidas encaminadas a mejorar inmediatamente la situación del campesino y que, por lo tanto, le ganen para la revolución; medidas que llevan ya en germen el tránsito de la propiedad privada sobre el suelo a la propiedad colectiva y que suavicen ese tránsito, de modo que el campesino vaya a él impulsado por móviles económicos; pero no debe acorralar al campesino, proclamando, por ejemplo, la abolición del derecho de herencia o la anulación de su propiedad; esto último solo es posible allí donde el arrendatario capitalista ha desplazado al campesino y el verdadero labrador es tan proletario, tan obrero asalariado, como el obrero de la ciudad y donde, por tanto, tiene directamente, no indirectamente los mismos intereses que este”15

Por estas razones, Lenin, ante esta necesidad, se enrumbó por la NEP, que significaba, como paso previo e ineludible a la proletarización, elevar a los campesinos a la calidad de pequeños propietarios para agotar así esa forma de propiedad: “La Nueva Política Económica no puede dejar de conducir a cierto fortalecimiento del capitalismo”. Y como legado y directriz para quienes quisieran desde el poder, y desde una economía atrasada y esencialmente agrícola, tratar de acabar con la propiedad privada, dijo: “En la mayoría de los Estados capitalistas el poder del proletariado no debe en manera alguna suprimir inmediatamente y completamente la propiedad privada; en todo caso, no solo garantiza a los campesinos pequeños y medios la conservación de sus parcelas de tierra, sino que las aumenta hasta las proporciones de superficie que ellas arriendan comúnmente (supresión de los arrendamientos). Las medidas de este género junto con la lucha implacable contra la burguesía, garantizan por completo el éxito de la política de neutralización. El paso a la agricultura colectiva debe ser llevado a cabo por el poder estatal proletario únicamente con las mayores precauciones y de un modo gradual, sirviéndose del ejemplo, sin ejercer coacción alguna sobre los campesinos medios”16

Por haber olvidado esta premisa de la conversión de los campesinos en proletarios –a través de la industrialización de la producción agrícola- Mao condenó en su época a china al atraso económico. Pasando por alto lo que Lenin defendía a toda costa después de la toma del poder, la dirigencia China omitió tener en cuenta que el paso al socialismo estaba condicionado a la creación de una poderosa base material, técnica e industrial. Olvidado inexplicablemente los llamados de Lenin –consistentes en afirmar que si se quería agotar el desarrollo de la fase capitalista, democrático-burguesa y llegar a las bases mismas del socialismo, había que dar un gigantesco paso hacia adelante en el desarrollo de las fuerzas productivas,- Mao desvió su camino. En vez de buscar el progreso material, no solo trató de saltar el desarrollo de las fuerzas productivas, sin el cual el socialismo sería inalcanzable (salto que implicaba considerar innecesaria la fase de desarrollo capitalista), sino que además se propuso pasar por encima de la fase socialista y llegar directamente al comunismo mediante el “gran salto”, mediante el cual se estimó viable hacer derivar la economía de la política y no al revés. Este gran salto unido a su revolución cultural, en la que todos los problemas del desarrollo económico de china se redujeron a las “malas ideas” al predominio de la ideología burguesa, a la falta de estímulos morales, constituyo una mala lectura del marxismo leninismo. Y Este fue su gran error histórico.

La toma del poder no tenia para Lenin un alcance mayor que el de orientar las leyes objetivas de la economía; jamás violentarlas o desentenderse de ellas. Para Mao y para muchos otros revolucionarios, por el contrario, las cosas podían llegar a extremos tales que la relación dialéctica de los contrarios (de lo objetivo y de lo subjetivo, de la estructura y la superestructura) admitía -y admite-, no una interrelación sino una inversión directa y absoluta. Lo importante para la concepción ideológica de Mao y de muchos otros revolucionarios, no era lo material, sino lo espiritual; no era la economía sino la política; no eran las armas sino el hombre; no era la productividad sino la ideología; no era el ser social sino la consciencia social. Lenin, es cierto, utilizó lo espiritual, la política, el hombre, la ideología, la consciencia social, y a partir de estos elementos probó un camino nuevo, una vía de atajo para llegar al socialismo. Pero en ningún momento consideró que esa posibilidad, que esa inversión dialéctica de los contrarios –según la cual la política, siendo derivada de la economía, podía y debía incidir sobre la economía- permitiera que la política lo fuera todo, es decir, que la política dejara de ser, en su esencia, una derivación de lo económico. Porque a pesar de lo sutil que parezca el planteamiento, se trata evidentemente de dos cosas radicalmente diferentes: una que la política incida sobre la economía, lo que es probable, correcto, marxista, leninista y materialista; y otra, que a partir de aquí la política sustituya a la economía, lo que es improbable, incorrecto, anti marxista, anti leninista y profundamente idealista.

Pero además de ser severamente críticos con Mao, hay que comprender que sus intenciones -moralmente intachables-, tenían por objeto solucionar las penalidades de las inmensas masas chinas agobiadas por el hambre. Pero sus acciones fueron erróneas porque alejaron en el tiempo en el espacio la solución de sus necesidades concretas e inmediatas, y sólo ahora -quien sabe si con la misma claridad de Lenin-, el Partido Comunista Chino corrigió sus fallas y por la vía de hacerle inmensas concesiones a la pequeña y a la gran propiedad privada trasnacional, está saliendo de sus problemas estructurales de productividad y atraso económico y lo está colocando como una de las economías más desarrolladas del planeta. Sin embargo, ¿No son las mismas medidas económicas que está implementando Cuba? ¿No son las mismas causas que hicieron proclamar al comandante Fidel Castro que la economía cubana no funciona? ¿No fueron las mismas circunstancias que hicieron en su momento expresar a Gorbachov que la economía soviética estaba estancada?

Es decir, para el marxismo, la conquista del campesinado para la revolución socialista por la adopción de medidas económicas que respeten su situación concreta y, al mismo tiempo, que lo lleven a superarla en el plano objetivo (es decir, que sin lesionar sus intereses inmediatos lo conviertan en parte sustancial del proletariado) debe tener una base de concesiones mucho más amplia en aquellos países que, como el caso de China, Rusia, Vietnam, y todos los países socialistas, que estaban en una etapa de desarrollo económico fundamentalmente agrícola en la fase correspondiente a la toma del poder.

Por eso, muchas medidas del gobierno soviético se vio obligado a adoptarlas Lenin en Rusia a petición de los mismos campesinos: “Al hacer aprobar la ley de la socialización de la tierra –‘alma’ de la cual esta consigna del disfrute igualitario del suelo-, los bolcheviques declararon del modo más preciso y concreto: esta idea no es nuestra, nosotros no estamos conformes con esta consigna, pero creemos nuestro deber hacerla aprobar, porque así lo pide la inmensa mayoría de los campesinos. Y la idea y las reivindicaciones de una mayoría de trabajadores deben ser superadas por ellos mismos; no es posible “abolir” semejantes reivindicaciones ni “saltar” por encima de ellas. Nosotros los bolcheviques, ayudaremos a los campesinos a superar las consignas pequeñoburguesas, a pasar lo más rápida y fácilmente posible de esas consignas a consignas socialistas […] con todos los campesinos hasta el fin de la revolución democrático-burguesa; con los campesinos pobres, proletarios y semiproletarios, adelante, hacia la revolución socialista. Esta ha sido la política de los bolcheviques, y esta era la única política marxista”16.

ALGUNAS CONCLUSIONES

1. No fue cierto que con la revolución de octubre la historia haya “tomado un curso diferente”, ni de que Lenin haya planteado la revolución socialista como consigna inmediata para la transformación revolucionaria de la sociedad rusa como alegremente lo sostuvo el socialismo soviético, ni mucho menos que Marx y Engel se hayan equivocado sobre el tema.

2. La historia lo que ha probado es que sí se puede saltar la fase de la dominación política de la burguesía, mas no la fase de desarrollo económico capitalista y esto está demostrado con lo que aconteció en los países reputados de socialistas en el socialismo “real”, que instauraron una superestructura política socialista, con plenas garantías económicas políticas y culturales para los obreros, campesinos e intelectuales en cuanto a su participación directa e indirecta en las tareas estatales y estas circunstancias permitieron incontrovertiblemente su crecimiento que fue, en muchos renglones de la economía, mucho más rápido que el capitalismo en manos de la burguesía, porque lo hicieron de forma menos anárquica que aquel, con un interés consciente de mejorar las condiciones de existencia de sus poblaciones, pero, al no poder producir todo lo que necesitaban, se vieron impelidos a comerciar con las potencias del capitalismo industrializado, que no solo no aceptan otra mercancía diferente al dinero, sino que se dieron a la tarea de asfixiar económicamente al poder soviético; por esta razón se vinieron abajo, porque no fueron capaces de destruir esa base objetiva de sus limitaciones económicas: el cerco imperialista.

3. ¿Más argumentos? Desde antes que irrumpiera Lenin en la palestra política revolucionaria en Rusia, habían quienes albergaban la peregrina idea de que adviniera el socialismo sin las condiciones materiales necesarias para arribar a él. Así los refutó Engels: “El señor Tkachov comunica de pasada a los obreros alemanes que yo no tengo la «menor noticia» de lo que ocurre en Rusia y que, por el contrario, no hago más que poner de manifiesto mi «ignorancia» sobre el particular. Por ello se siente obligado a explicarles el verdadero estado de las cosas y, en particular, las causas en virtud de las cuales la revolución social puede ser hecha en Rusia, precisamente ahora, sin dificultad y como jugando, mucho más fácilmente que en la Europa Occidental.

«Es cierto que no tenemos proletariado urbano, pero, en compensación, tampoco tenemos burguesía… Nuestros obreros tendrán únicamente que luchar contra el poder político: aquí el poder del capital está todavía en embrión. Y usted, estimado señor, sabe que la lucha contra el primero es mucho más fácil que contra el segundo».

La revolución a que aspira el socialismo moderno consiste, brevemente hablando, en la victoria del proletariado sobre la burguesía y en una nueva organización de la sociedad mediante la liquidación de las diferencias de clase. Para ello se precisa, además de la existencia del proletariado, que ha de llevar a cabo esta revolución, la existencia de la burguesía, en cuyas manos las fuerzas productivas de la sociedad alcanzan ese desarrollo que hace posible la liquidación definitiva de las diferencias de clase. Entre los salvajes y los semisalvajes tampoco suele haber diferencias de clase, y por ese estado han pasado todos los pueblos. Pero ni tan siquiera puede ocurrírsenos restablecerlo, aunque no sea más que porque de este mismo estado surgen necesariamente, con el desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad, las diferencias de clase. Sólo al llegar a cierto grado de desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad, muy alto hasta para nuestras condiciones presentes, se hace posible elevar la producción hasta un nivel en que la liquidación de las diferencias de clase represente un verdadero progreso, tenga consistencia y no traiga consigo el estancamiento o, incluso, la decadencia en el modo de producción de la sociedad. Pero, sólo en manos de la burguesía, han alcanzado las fuerzas productivas ese grado de desarrollo. Por consiguiente, la burguesía, es, también en este aspecto, una condición previa, y tan necesaria como el proletariado mismo, de la revolución socialista. Por tanto, quien sea capaz de afirmar que es más fácil hacer la revolución en un país donde, aunque no hay proletariado, no hay tampoco burguesía, demuestra exclusivamente que debe aún estudiar el abecé del socialismo”

“Es evidente que a partir de la abolición de la servidumbre la situación de los campesinos rusos se ha hecho insoportable y que no puede continuar así mucho tiempo; que, por esta sola causa, en Rusia se avecina una revolución. Pero queda en pie la interrogante: ¿Cuál puede ser, cuál será el resultado de esta revolución? El señor Tkachov dice que será una revolución social. Esto es tautología pura. Toda verdadera revolución es social, porque lleva al poder a una nueva clase y permite a ésta transformar la sociedad a su imagen y semejanza. Pero el señor Tkachov quiere decir que la revolución será socialista, que implantará en Rusia, antes de que nosotros lo logremos en Occidente, la forma de sociedad hacia la que tiende el socialismo de la Europa Occidental, y ello ¡en una sociedad en la que el proletariado y la burguesía sólo aparecen, por el momento, esporádicamente y se encuentran en un bajo nivel de desarrollo! ¡Y se nos dice que esto es posible porque los rusos constituyen, por decirlo así, el pueblo escogido del socialismo al poseer arteles y la propiedad comunal de la tierra!”

“En segundo lugar, es históricamente imposible que una sociedad que se halla a un grado de desarrollo económico inferior tenga que resolver problemas y conflictos que surgen y pueden surgir sólo en una sociedad que se halla a un grado de desarrollo mucho más alto. […]En cambio, no es sólo posible, sino incluso indudable que después de la victoria del proletariado y del paso de los medios de producción a ser propiedad común de los pueblos de la Europa Occidental, los países que apenas han entrado por la vía de la producción capitalista y que han conservado costumbres del régimen gentilicio o restos del mismo puedan utilizar estas huellas de posesión comunal y las costumbres nacionales correspondientes como poderoso medio de reducir sustancialmente el proceso de su avance hacia la sociedad socialista y evitar la mayor parte de los sufrimientos y la lucha a través de los que tenemos que abrirnos paso en la Europa Occidental. Pero condiciones indispensables para ello son el ejemplo y el apoyo activo del Occidente todavía capitalista”.

Es decir, para Engels el paso directo al colectivismo socialista solo era y es posible si antes estalla la revolución en los países adelantados que son los que pueden ayudar materialmente a la revolución naciente a resolver sus problemas de insuficiencia y debilidad económica, de lo contrario sus medidas tenían que ser contrarias: en vez de integrar la propiedad, hay que desintegrarla para agotar todas sus posibilidades de desarrollo. Por esto explica “Está claro que la propiedad comunal en Rusia se halla ya muy lejos de la época de su prosperidad y, por cuanto vemos, marcha hacia la descomposición. Sin embargo, no se puede negar la posibilidad de elevar esta forma social a otra superior, si se conserva hasta que las condiciones maduren para ello y si es capaz de desarrollarse de modo que los campesinos no laboren la tierra por separado, sino colectivamente. Entonces, este paso a una forma superior se realizaría sin que los campesinos rusos pasasen por la fase intermedia de propiedad burguesa sobre sus parcelas. […]Por lo tanto, el señor Tkachov dice verdaderos absurdos al asegurar que los campesinos rusos, aunque son «propietarios», «están más cerca del socialismo» que los obreros de la Europa Occidental, privados de toda propiedad. Todo lo contrario. Si algo puede todavía salvar la propiedad comunal rusa y permitir que tome una forma nueva, viable, es precisamente la revolución proletaria en la Europa Occidental.”

Por esto acota: “Sólo cuando la economía capitalista esté superada en su país de origen y en los países en que ha alcanzado su florecimiento, cuando los países atrasados vean «cómo se hace eso», cómo hay que poner las fuerzas productivas de la industria moderna, hechas propiedad social, al servicio de toda la sociedad, sólo entonces podrán estos países atrasados emprender ese camino acortado de desarrollo. En compensación, tienen entonces el éxito asegurado. Y eso no se refiere sólo a Rusia, sino a todos los países que se hallan en la fase de desarrollo pre capitalista”.22

De estas largas transcripciones podemos inferir que la preocupación de Engels era, fundamentalmente, el desarrollo de las fuerzas productivas, pues solo la burguesía tenía la misión histórica de la acumulación, pero con la innovación leninista, las cosas pueden realizarse sin que existan los capitalistas individuales, pues el Estado en manos de los revolucionarios y la economía puesta al servicio de la satisfacción de todas las necesidades de la población, pueden hacer progresar mucho más rápido las fuerzas productivas como quedó demostrado con lo acontecido en los primeros años de existencia de la Unión Soviética.

5. ¿Por qué entonces fueron posibles estas revoluciones en contravía de los vaticinios del marxismo? Simple, en el campo objetivo porque no fueron ni podrían ser revoluciones auténticamente socialistas; porque fueron revoluciones de contenido histórico democrático-burgués. En el campo subjetivo porque fueron levantamientos insurreccionales espontáneos de las masas determinados por la agresión desmedida e injustificada de la clase gobernante contra los explotados, porque la vanguardia revolucionaria conducida magistralmente por Lenin no expuso en ese momento decisivo un programa comunista a las masas, es decir, porque las vanguardias supieron ligarse con el estado de ánimo real de los insurrectos y porque, en consecuencia con el último punto, tuvieron un adecuado proceso de conducción que aprovechó en su debida forma las contradicciones entre los capitalistas en la primera guerra mundial, esto es, que mantuvo a natural desunidad económica de la burguesía e impidió su unidad política contra la revolución. Así lo expresó Lenin: “(…) Rusia, el país más atrasado, lucha contra todas las naciones, contra la alianza de Estados ricos y poderosos que dominan al mundo, y sale vencedora de esta lucha. No podíamos oponer fuerzas un tanto equivalentes y, sin embargo, fuimos los vencedores. ¿Por qué? Porque no había ni sombra de unidad entre ellos, porque cada potencia actuaba contra otra. Francia quería que Rusia le pagase las deudas y se convirtiese en una fuerza temible contra Alemania; Inglaterra deseaba el reparto de Rusia, intentaba apoderarse del petróleo de Bakú y firmar un tratado con los países limítrofes de Rusia.”23

CITAS BIBLIOGRAFICAS.

1. C. Marx y F. Engels, Manifiesto del Partido Comunista.
2. Historia del Partido Comunista (b) de la Unión Sovietica
3. Periódico eserista, citado por Lenin en la crisis ha madurado.
4. Lenin, la crisis ha madurado.
5. trostki, la historia de la revolución rusa.
6. Lenin, las tareas del proletariado en nuestra revolución.
7. Lenin, discurso en la conferencia de toda Rusia de los organismos de educación política de las sociedades provinciales y distritales de instrucción pública, noviembre 3 de 1920.
8. Lenin, la crisis ha madurado.
9. Lenin, ¿se sostendrán los bolcheviques en el poder?
10. Marx, La ideología Alemana.
11. Lenin, informe sobre la revolución de 1905.
12. Lenin, VII conferencia de abril de toda Rusia.
13. Lenin, Acerca de la significación del oro ahora y después de la victoria completa del socialismo.
14. Lenin, IV congreso de la Internacional Comunista. Octubre – noviembre de 1922.
15. Lenin, Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática.
16. Marx, acotaciones al libro de Bakunin sobre el Estado y la anarquía.
17. Lenin, primer esbozo del problema agrario.
18. Marx, citado por Engels en Acerca de la Cuestión Social en Rusia.
19. Lenin, primer esbozo de la tesis sobre el problema agrario.
20. Lenin, La revolución Proletaria y el renegado Kautski.
21. Engels, Acerca de la Cuestión Social en Rusia.
22. Ibídem.
23. Discurso pronunciados en el II Congreso de la III Internacional Realizado en el Palacio Taurichesky, Moscú 19 de julio al 7 de agosto de 1920.

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