MUJICA, PEÓN DEL “IMPERIO YANQUI”?

10257041_784222198262910_1603896885855382910_nGraziano Pascale

La cárcel estadounidense en la base militar de Guantánamo, en territorio cubano, ha sido un dolor de cabeza para el presidente Obama. Llegó al poder en los Estados Unidos con la promesa de cerrarla, porque la misma alberga desde hace más de una década a personas sospechadas de terrorismo, pero que nunca fueron sometidas a juicio.

Ahora nos venimos a enterar, mientras se ajustan detalles de la visita de estado del presidente Mujica a los Estados Unidos, que el Uruguay se ha comprometido a recibir a algunos de esos presos en territorio uruguayo.

Las explicaciones del presidente Mujica son vagas e imprecisas. Menciona como coartada la situación de los derechos humanos de esos presos, pero al mismo tiempo otorga su apoyo absoluto al presidente Maduro de Venezuela, que en una feroz represión de marchas pacíficas ha tolerado el uso de armas de fuego por parte de fuerzas militares y civiles, lo cual ha ocasionado más de 30 muertos, la mayor parte manifestantes desarmados.
La decisión de recibir a los presos sin juicio de la base de Guantánamo tiene todo el aspecto de ser una movida dictada por el presidente Obama, que el gobierno uruguayo aplica dócilmente.

Es dudoso que la mayoría de los partidos y dirigentes del Frente Amplio puedan estar de acuerdo con tan temeraria decisión. La oposición, al menos, ya lo ha hecho saber y ha activado los mecanismos parlamentarios para detener esa decisión.

En otro contexto, el país asistirá a una reedición del debate de la década del 40, cuando la izquierda de la época apoyaba la instalación de bases militares norteamericanas en territorio uruguayo, que la tenacidad de Luis Alberto de Herrera logró finalmente neutralizar. El Guantánamo que se evitó entonces parece revivir en esta insólita iniciativa de acoger presos de Estados Unidos, acusados pero nunca procesados por delitos de terrorismo.

HACIENDO LAS PACES CON EL PASADO

72141_785315134820283_6097619314491504881_nEl viaje del presidente Mujica a Washington, para encontrarse con el líder de esa “república imperial” que son los Estados Unidos, está cargado de un hondo simbolismo, que complementa el abrazo del año pasado con David Rockefeller, mito viviente del capitalismo.

El largo periplo de Mujica, que en los años 60 se alzó en armas en busca de derribar el sistema económico que Estados Unidos simboliza como nadie en el mundo, culmina con este amistoso encuentro con el jefe político del imperio victorioso.

El pasado de violencia ha quedado atrás. De la mano del voto popular, que supo conquistar en base a su sintonía afectiva con vastos sectores de la sociedad, Mujica es hoy el presidente de la democracia que quiso destruir.

El Uruguay vive hoy un tiempo de paz política, al cual Mujica ha contribuido de un modo nada desdeñable. Cuando algunas fracciones del MLN aún soñaban con la revuelta armada, incluso luego de la restauración democrática, Mujica pudo imponer su visión de la lucha política desarmada, base y razón de ser de la democracia.

Quienes vivimos, en las postrimerías de nuestra adolescencia, el tiempo de la violencia política, hoy somos espectadores de esta nueva realidad, envuelta en una aroma agridulce.
Tal vez Mujica intente, antes de finalizar su mandato, algún guiño a la dictadura cubana, que lo cobijó en su juventud. Pero luego de Rockefeller y Obama, queda claro que el realismo venció a la nostalgia.

Advertisements
This entry was posted in Uncategorized. Bookmark the permalink.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s