Desenmascarar el revisionismo una tarea irreductible

Esperanza Guevara

En Venezuela al igual que algunos países de Latinoamérica vivimos un proceso democrático–burgués, con gobiernos patrióticos, nacionalistas, que dicen ser “antiimpe- rialistas”, cuestión que sólo se expre- sa en ser antiyanquis. Los comunistas sabemos que estos procesos democrático-burgueses no van más allá de reformas en el marco del capitalismo, pero además entendemos que históricamente estos procesos nos permiten avanzar hasta cierto punto, preparar nos, acumular y organizar las fuerzas para las luchas de envergadura, crear las condiciones necesarias que nos permitan organizar a la clase obrera y sus aliados para la toma del poder político, avanzando así hacia la verdadera revolución social, la revolución proletaria.

Estos procesos democrático-burgueses están siendo interpretados por las corrientes oportunistas, revisionistas, representantes de la burocracia del gobierno, como “la Transición al Socialismo del siglo XXI ”, como la síntesis de lo mejor de todas las revoluciones llevadas a cabo en el mundo, como “expresión moderna” de la vía a un “nuevo socialismo” correspondiente a este momento histórico, tesis que depende la construcción del socialismo por la “vía pacífica “, sin la confrontación de las clases, sin tocar el elemento fundamental que sustenta al capitalismo y al imperialismo, la propiedad privada sobre los medios de producción, por lo que en este sentido proclaman que hay que desarrollar otros medios de producción con unas nuevas relaciones de producción que desplacen “poco a poco” de manera “gradual”, las relaciones capitalistas de producción, o que se “hegemonicen” sobre la relaciones capitalistas, es decir, crear una especie de competencia entre un “modelo de producción social” como lo definen y el modelo de la burguesía, o inclusive crear una economía hibrida, pretendiendo exhibir con esto el carácter “democrático” del Estado, donde convivan la explotación burguesa y la autogestión de los trabajadores, esperando que esto exalte la buena voluntad y la piedad de la burguesía pro-imperia- lista ante la explotación a la que somete a diario a la clase obrera.

Así, oportunistas y revisionistas niegan la lucha de clases, niegan que el sujeto histórico de la revolución sea el proletariado, para en su lugar colocar a los llamados movimientos sociales, que representan el poder popular y niegan por ende la organización de la clase obrera, niegan y se resisten a aceptar el papel fundamental de los sindicatos y más aun, la organización superior de la clase proletaria, el partido de la vanguardia de la clase obrera. La clase obrera para ellos está en el discurso para darle un matiz de izquierda radical al revisionismo ante las masas, para eso les sirve la clase obrera, en sus discursos hacen especial énfasis, en que las revoluciones violentas han pasado a la historia, y han dado paso a las revoluciones pacíficas que enarbolan la paz entre los ciudadanos, que pueden lograr la coexistencia pacífica entre la burguesía y el proletariado, haciendo que la burguesía cumpla con algunas leyes, dando ciertos beneficios a la clase obrera de manera que pueda mejorar sus condiciones de vida, evitando las confrontaciones.

Los factores que con la visión antes descrita forman parte del burocratismo del estado, asumen que con la lucha electoral es suficiente para aniquilar a la reacción, pero semejante ingenuidad propia de la pequeña burguesía y del oportunismo, queda develada en su actitud vacilante ante las coyunturas difíciles o reveses electorales en el proceso de lucha, mientras que otros que se dicen comunistas, pero que no son más que revisionistas fosilizados, embargados por las desviaciones y la pereza generada por las comodidades que han alcanzado a lo largo de su historia, acostumbrados a vivir vegetando, encuentran también cabida para sus tesis de “alianza con la burguesía para desarrollar las fuerzas productivas y avanzar, sin trabas ni choques entre clases o sectores, al socialismo.”

Estas tesis privadas de toda objetividad, anticientíficas, carentes de visón dialéctica y materialista de la realidad histórica, no son nuevas, no han nacido ahora a la luz de estos procesos, las tesis que proclaman estas corrientes ya han sido planteadas siglos atrás, por los socialdemócratas reformistas (principalmente Bernstein) y los revisionistas de la segunda internacional, y luego por otras corrientes nocivas para el movimiento obrero internacional. Se abrogan el mérito absurdo de que están creando la teoría del nuevo socialismo, pero los comunistas sabemos que semejantes especulaciones solo pueden venir de tendencias oportunistas, pequeño-burguesas. Estas tesis fueron muy bien rebatidas desde el punto de vista teórico, y desmontadas en la práctica por el camarada Lenin fueron denunciadas ante el proletariado, su desacertada y desviada visión del desarrollo histórico de la sociedad y sus desenlaces.

Ante dichos postulados revisionistas, reformistas y concepciones peque ño-burguesas que esconden tras de sí, el temor a que la clase obrera se organice en un instrumento potente, para emprender la lucha por derribar el estado de cosas existentes, los marxistas- leninistas debemos ser irreductibles en la lucha contra estas tendencias que no hacen más que confundir, desmovilizar y atrasar la lucha del proletariado, y es que, por ejemplo, hoy en Venezuela se libra esta lucha en lo ideológico y político, y nuestro Partido avanza firme en la orientación y en la dirección de la clase obrera, de los campesinos, los jóvenes, los estudiantes, las mujeres, por la conquista del poder político, a sabiendas que en el marco de este gobierno, nacionalista, patriótico, podemos avanzar hasta el cierto punto al cual nos referimos en el principio, en la conquista de algunas reivindicaciones, pero claros estamos que no es suficiente, trabajamos firmes desde nuestros principios, con una línea política clara, con las tácticas más acertadas y en concreción de nuestro objetivo estratégico, la toma del poder político. El proletariado venezolano necesita someter a la minoría por la mayoría, poder imponer su voluntad, la voluntad de las mayorías que no es otra que la construcción de una sociedad justa, hacia una sociedad sin clases, sin explotación de unos hombres sobre otros, y esto se logra pues, quitándole los privilegios a las minorías (acabar con la propiedad pri vada sobre los medios de producción), superar la contradicción entre el carácter social de la producción y el carácter privado de apropiación de la riqueza generada por la fuerza de trabajo obrera.

Avancemos sin vacilaciones, aprovechando al máximo las condiciones de esta democracia burguesa, para elevar los niveles de organización, de formación y combate del proletariado.

Partido Comunistas Marxista-Leninista de Venezuela

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