XXIV Congreso del Partido Comunista de Chile: Una Propuesta‏

Análisis
Por: Carlos Gajardo Álvarez.


En nuestra América una nueva correlación de fuerzas sociales y políticas sitúa en el horizonte libertario a la democracia participativa como el instrumento que abre la vía a gobiernos soberanos por el socialismo. Si bien diversos hechos renuevan la vigencia del marxismo como instrumento de crítica y construcción del pensamiento liberador de la humanidad, son necesarios esfuerzos más sistematizados tendientes a profundizar el estudio sobre las causas que motivaron el desplome del socialismo real y los efectos que ello provoca en la izquierda, como así mismo en el análisis de nuestra truncada experiencia en 1973.
En la URSS, después de Lenin, se adoptó un cuerpo teórico que consideraba al marxismo como una ciencia dotada de un naturalismo evolucionista que supone la existencia de leyes inexorables que nos llevarían a un cambio de sociedad producto del  desarrollo de las fuerzas productivas: el socialismo, y éste una vez que arriba sería  irreversible.
Tesis que llevó a concluir que los progresos transformadores de la sociedad no se miden por los avances de la conciencia del movimiento popular, de la lucha de clases, sino del desarrollo material y tecnológico de la sociedad, situando en un plano secundario la contribución de las luchas populares por la democracia, por la participación creciente del pueblo en la gestión del poder, sustituyendo al aparato burocrático del Estado, misión histórica que cumple el pueblo sólo cuando comprende que la defensa de las conquistas alcanzadas es una necesidad permanente.
Es entonces que pasa a ser el soporte decisivo de las transformaciones y motor de la construcción, crecimiento y desarrollo que puede hacer irreversible el proceso hacia el socialismo.
Haber mantenido el poder político centrado en el Partido-Estado y cerrado el tránsito hacia el gobierno de todo el pueblo, al desarrollo dialéctico que implica pasar a niveles superiores, como plantearon Marx, Engels y Lenin, crearon las condiciones para el desplome del socialismo y la regresión al capitalismo.
En la URSS, todos los medios de producción y de los servicios, excepto un sector de la agricultura, eran de propiedad del Estado, alcanzando enormes avances y beneficios para el pueblo: en salud, educación, vivienda, trabajo, cultura, recreación, el desarrollo de la economía y la  ciencia  permitió llevar el primer satélite y hombre al espacio, desarrollaron en alto grado la solidaridad con los pueblos que luchan por su liberación.
El pueblo soviético y sus fuerzas armadas desempeñaron un rol fundamental en la lucha contra el nazismo en la Segunda Guerra Mundial, gozaban de un enorme prestigio internacional. Sin embargo, ni la  institucionalidad soviética, ni todo el poder militar en manos del PCUS, ni los millones de militantes pudieron evitar la tragedia social y política que hoy pesa sobre el mundo popular y la marcha hacia  la liberación de la humanidad.
De tal magnitud fue el error político cometido, que ni los millones de militantes comunistas, ni el pueblo con y sin uniforme, cuando tanques del glorioso ejército soviético fueron utilizados por contrarrevolucionarios para atacar al parlamento de la URSS, se movilizaron contra los facciosos. Salvo un puñado de esclarecidos combatientes que opusieron resistencia.
La centralidad del poder en la cúpula del PC y en el aparato burocrático del Estado provocó gravísimas deformaciones.
Las luces de palacio y del poder, obnubilaron a la mayoría de la cúpula dirigente; el centralismo democrático se constituyó en centralismo autoritario: no operó desde abajo hacia arriba; las múltiples alerta no fueron escuchadas.
El exitismo, el culto a la personalidad, el uso y el abuso de la prelación restringieron la democracia interna, actuaron como mecanismos de autogeneración de la cúpula dirigente, y anularon la capacidad de crítica y autocrítica, prácticas que incidieron e inciden en la militancia comunista, que junto al pueblo, no comprendió en el momento oportuno, la necesidad de la defensa del ideal socialista ni los funestos efectos que tendrían dichos acontecimientos para la humanidad.
La clase obrera, el pueblo y los militantes perdieron en tal medida la iniciativa, y la perspectiva política de los acontecimientos, que aún cuando contaban con los medios, no actuaron en la defensa abierta y decidida del socialismo, sino que esperaron la orientación desde la dirección política, en circunstancias que allí radicaba  buena parte del problema.
Ahora comienza a comprenderse que de haberse aplicado el marxismo con rigor, enrumbado el proceso por el camino en el cual el pueblo va ejerciendo el poder, pudo evitarse el descalabro en la URSS, apreciación que confirman el golpe de Estado en Venezuela en 2002, Bolivia en 2007 y recientemente en Ecuador, el 30 de septiembre pasado.
Esos hechos corroboran que cuando el pueblo se moviliza, sale a las calles, y neutraliza o enfrenta a los golpistas. .impulsa a los militares más concientes a la defensa del  proceso de transformaciones en desarrollo, tal como ocurrió en el gran octubre.
En Chile durante el gobierno de la Unidad Popular no ubicamos el principal esfuerzo en la organización del pueblo para ejercer el poder y la defensa del proceso en desarrollo.
Si bien  trabajadores del campo y la ciudad asumieron responsabilidades en las tareas de la Batalla por la Producción y pobladores en las Juntas de Abastecimiento y Control de Precios, no se trabajó en construir el gobierno de todo el pueblo, para ejercerlo como plantea el marxismo. La teoría de la época imperante nos llevó a cometer los mismos errores que el socialismo real.
Predominó el concepto de la construcción del poder sobre la base de las elites políticas  en el gobierno; la defensa de la transcendental posibilidad que representó el gobierno popular de Salvador Allende fue reducida a los estrechos márgenes de los equipos de las direcciones de los partidos, al estrecho ámbito de los aparatos del gobierno, a la idea de que las Fuerzas Armadas eran respetuosas de la Constitución, y a la ilusión de que el imperialismo y la reacción interna permanecerían impasibles ante los avances populares.
¡Veinticinco años después del golpe de Estado de 1973, en San Fernando, importante ciudad agraria de la VI Región, comunistas y otras fuerzas políticas del lugar alcanzaron una importante votación que significó  elegir Alcalde y un concejal!
De haber centrado, durante los cuatro años de la gestión, el mayor esfuerzo del trabajo político y recursos que permite el cargo en desarrollar un movimiento social y político en la perspectiva de ampliar y profundizar la participación del pueblo a través de sus organizaciones en la gestión y control del municipio, ¿habrían evitado que un hacer de años y los anhelos de cambio se convirtieran en un puñado de sal que se llevaron las aguas del río Tinguiririca?
¿O todo el revés se atribuye a las acciones de los adversarios políticos o a la gestión del Alcalde?
En Lota, Arauco, Curanilahue y Lebu desde hace años vienen siendo electos concejales comunistas; las multisociales (Coordinadoras de Organizaciones Sociales) propuestas en el Congreso refundacional de la CUT  desempeñaron un importante rol en la unidad, organización y movilización de los distintos sectores sociales en el paro del 13 de agosto de 2003, las que en opinión de dirigentes sociales y políticos de la zona fueron fundamentales en la movilización y paralización de éstos y otros pueblos de la región.
De haber continuado desarrollando la coordinación de las organizaciones sociales y políticas como referentes  populares, cimentadas en las organizaciones sociales, sindicatos al frente, impulsando, educando, elaborando propuestas, pensando el país que queremos junto a los partidos políticos, realizando la lucha ideológica, en asambleas, ¿se hubiese mantenido y desarrollado al alza el movimiento en torno a las políticas del pueblo?
Y luego, sumado los amplios esfuerzos desplegados durante la campaña parlamentaria en las elecciones de enero del 2006 en el distrito 46 ¿se habrían obtenido otros resultados electorales y políticos que se proyectaran al nivel nacional?Cabe decir entonces que es necesario examinar profundamente los objetivos tácticos- estratégicos que han venido orientando el trabajo territorial del partido.

 

El capitalismo en su forma neoliberal ha generado nuevas formas de explotación y la burguesía que lo sustenta nuevas formas de dominación, haciendo del potencial sentido de liberación del trabajo la infelicidad del ser humano.
Las nuevas formas de opresión, exclusión, dominación y explotación humana, la depredación de los recursos naturales han venido generando, junto a la clase obrera, el surgimiento de  movimientos sociales que luchan por sus derechos y la preservación del planeta; enriqueciendo, ampliando el sujeto de los cambios y la estructura de clases.
Por ello el socialismo en el siglo XXI será el resultado de un concepto más amplio de lucha de clases.  En éste contexto, el territorio de la comuna, frontera política-administrativa de la estructura de control y dominación del sistema dominante de la burguesía; donde se desarrolla la mayor parte de la vida social y política del pueblo, es un espacio relevante para la articulación de las fuerzas populares y el desarrollo de sus luchas  libertarias.
Un análisis marxista exige conocer de la estructura y funcionamiento de las municipalidades y  de las contradicciones que contiene para formular la alternativa democrática.
El rediseño de los municipios realizado por la dictadura y perfeccionado por la Concertación deja al desnudo que el Estado burgués en todos sus niveles es un instrumento de control y dominación para la explotación y apropiación del trabajo ajeno a partir de la comuna con los municipios.
Ello evidencia que es en el gobierno local desde donde puede surgir el germen potencial que supere, desde la base, todo el sistema de dominación del capitalismo en su actual fase de desarrollo.
En nuestra América, desde hace algunos años, viene madurando un concepto de hegemonía social popular desde la base, impulsado por los movimientos sociales con sentido clasista en alianza con algunos partidos políticos de izquierda, enunciando un salto de calidad en la construcción del gobierno de todo el pueblo, llenando el vacío de Poder Popular que contiene la visión reduccionista de algunos partidos políticos, respecto de otros sujetos sociales, como sujetos de cambios, que impidió que durante las pasadas experiencias se enriqueciera la construcción del socialismo.
En este proceso es imprescindible incitar a derribar la barrera sicológica del culto a la institucionalidad vigente, verdadero caballo de Troya en la izquierda y el pueblo. Romper la atadura de la contención sicológica es fundamental para la acción liberadora.
Es en las acciones donde el pueblo desarrolla la capacidad de organización y lucha, de manera tal que los sectores sanos y avanzados del pueblo y de la base concertacionista, ahora oposición al gobierno, luchen más resueltamente contra el sistema imperante, alejándose de la cúpula  dirigente comprometida hasta la médula de los huesos con las transnacionales y gran empresario nacional, como ha quedado demostrado por los hechos relacionados al “royalty” del cobre, cuando un sector de la Concertación no ha tenido ningún reparo en favorecer a las multinacionales del cobre, dañando gravemente el interés nacional, escenario que puede potenciar una nueva correlación de fuerzas hacia la democracia y fundamentalmente hacia la izquierda.
Sin embargo, no podemos cegarnos ante la necesidad de recomponer los lazos con aquellos sectores sociales desilusionados de la política en general y que ven, en cualquier intento de participar en el sistema, una abierta traición a los principios de lo que ellos entienden por izquierda. Ellos son nuestros aliados naturales.
Los acontecimientos políticos mas significativos de los últimos meses han sido protagonizados por movimientos sociales: los ambientalistas movilizaron a miles de personas en varias ciudades del país de forma simultánea contra la instalación de la central termoeléctrica de Punta Choros y una  huelga de hambre en Caimanes, provincia del Choapa, contra la contaminación de la zona; la prolongada y combativa huelga de hambre del pueblo mapuche, que no ha terminado, concitó múltiples acciones de solidaridad, ampliándose la comprensión respecto de la justeza de la causa mapuche, obligando al gobierno a conversar mientras se desarrollaba la huelga después que se había negado de forma tajante, los rapanui que luchan por recobrar sus tierras, recuperando de hecho algunas de ellas, los damnificados del terremoto reclaman justicia junto a las movilizaciones y huelgas de hambre de trabajadores, de obreros  que exigen respeto por sus derechos, están revelando que si el mundo social une sus fuerzas otro gallo cantaría.
La democracia representativa relega al pueblo en los suburbios de la sociedad.
Si los movimientos sociales suman sus fuerzas, coordinan sus movilizaciones con los trabajadores del campo y la ciudad agudizando las contradicciones desde la izquierda ¿la situación sería distinta?
En el capitalismo, los capitalistas no sólo se nutren de la plusvalía, de la explotación del trabajo ajeno, sino también de la depredación de los recursos naturales, de la apropiación  de las aguas, de la contaminación del planeta, de la usurpación de las tierras, de la mercantilización de los bienes básicos para la existencia del ser humano.
Sólo si la lucha por la vida digna, por verdad y justicia, por la salud, por la educación, por una nueva Constitución, por la renacionalización del cobre, por la cultura solidaria se transforma en lucha por el poder para ejercerlo con eficiencia, eficacia y honestidad,  haciendo despuntar al nuevo sujeto, más amplio y completo, de los cambios sociales y políticos, habrá  socialismo.
Si trabajamos en esta perspectiva estaríamos construyendo las bases para un Gobierno de Nuevo Tipo, que encontraría apoyo internacional en los hechos de Ecuador, donde la democracia participativa, las ideas de la integración de los pueblos pudieron cambiar el curso de los acontecimientos, movilizando a la mayoría de los gobiernos de Sudamérica, convocados por UNASUR  condenando el golpe, así no esté la mano del imperialismo en el intento golpista.
Por ello resulta tan significativo el artículo publicado en el periódico El Siglo del 08 de octubre titulado “Huellas digitales de la CIA” a propósito del rol decisivo desempeñado por el pueblo ecuatoriano en la movilización popular que evitó se consumara la intentona de golpe de estado, cuando reflexiona que “es imprescindible cambiar las relaciones de poder y facilitar el rol protagónico del pueblo, mediante el ejercicio soberano de la democracia participativa. De otro modo los planes desestabilizadores continuaran vigentes”
Parece ser definitivo que las nuevas condiciones políticas, en América del Sur, generadas por las experiencias participativas  permiten decir que ahora los golpes de Estado no son inevitables, así no esté detrás el imperialismo.
Durante los 60 y 70, en nuestro continente, decenas de golpes de Estado perpetrados por las burguesías nacionales, y respaldados o incitados por el imperialismo estadounidense, dieron muerte a más de 90 mil personas, entre ellos a millares de los dirigentes con más experiencia y formación política. Centenares de miles fueron torturados, exiliados, exonerados. Los efectos políticos y humanos perdurarán por mucho tiempo.
Aun cuando en Chile existe un gobierno de derecha, un análisis más detallado nos lleva a concluir que no por ello el país se ha derechizado, por cuanto la presencia de Piñera en La Moneda es resultado de la ausencia de un movimiento popular amplio y de contenidos transformadores lo que llevó al pueblo, que espera cambios, se refugiara en una alternativa dentro del mismo sistema.
En Francia e Italia donde la derecha también llegó al gobierno, fue el resultado de un proceso en el cual la alternativa que representa la izquierda se fue vaciando de contenidos transformadores porque viró hacia el centro político.
La consigna de un Gobierno de Nuevo Tipo es correcta y potente.
Meros adornos no la potenciarán.
Dotarla de una propuesta también  potente, que vaya más allá de los 12 puntos convenidos con la Concertación, orientada a desarrollar las fuerzas que sostengan y defiendan los avances democráticos incorporando la noción de democracia  participativa, puede contribuir a recomponer las fuerzas  democráticas y a oxigenar una política soberana, democrática, popular y nacional.

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